Lecce inició la temporada mostrando una faceta defensiva ordenada y efectiva, logrando un empate sin goles frente al Genoa en la primera jornada, un resultado que refleja su capacidad para competir ante un rival directo en la lucha por la permanencia. Bajo la conducción de Di Francesco, el conjunto giallorossi dejó buenas sensaciones en cuanto a organización táctica y disciplina, aspectos clave para un equipo cuyo principal objetivo es mantenerse en la élite. Su reciente historial respalda esa necesidad: en la campaña 2024/25 finalizaron en la 17ª posición con 34 puntos, apenas tres por encima de la zona de descenso, lo que evidenció las dificultades vividas hasta el final. Con ese antecedente, Lecce sabe que deberá mejorar su consistencia y mantener la solidez defensiva como pilar para afrontar una nueva temporada donde, una vez más, la permanencia será la meta prioritaria.
El Milan vive un inicio complicado tras la inesperada derrota 1-2 frente a Cremonese en San Siro, un resultado que dejó en evidencia la falta de eficacia pese a su dominio absoluto del juego, con un 65% de posesión y 24 remates que apenas se tradujeron en un gol. La ausencia de Rafael Leão por lesión muscular condicionó en gran medida la capacidad ofensiva del equipo, restándole profundidad y desequilibrio en ataque, mientras que el debut de Luka Modric, aunque generó expectativa, no logró modificar el rumbo del encuentro ni aportar la chispa necesaria para evitar la caída. Este tropiezo no solo supone un golpe anímico para los rossoneros, sino que también resalta la necesidad de mayor contundencia en los metros finales y de encontrar variantes efectivas que compensen las ausencias de sus principales figuras.